Quiero hablar con Dios
Hablar con Dios no es recitar palabras memorizadas, ni repetir fórmulas.
Hablar con Dios es abrir el alma.
Es decirle lo que te pasa, sin miedo, sin máscaras, sin adornos.
Él no espera frases elegantes;
Él quiere escucharte como un padre que ama a su hijo, como un amigo que te comprende aun cuando no hablas, como un refugio que abraza cuando el mundo duele.
Dios no te pide que sepas orar,
solo que quieras hablarle con el corazón.

“Cuando oren, no usen muchas palabras… porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.”
(Mateo 6, 7-8)

ora con
Dios como padre
Dios es un Padre lleno de ternura.
No es un juez o un rey opresor: es el Padre que se sienta contigo en el silencio y te dice: “Hijo, háblame, aquí estoy.”
Habla con Él de tu día, de lo que te duele, de tus sueños, de tus errores, tus alegrías.

Ejemplo :
Padre amado,
hoy quiero hablarte sin miedo.
No vengo con palabras preparadas,
vengo con lo que soy.Tu conoces mis virtudes y defectos.
Sé que estás aquí, escuchándome,
con paciencia y amor, siendo ese padre con amor incondicional.Quiero sentir tu presencia como cuando un hijo siente el abrazo fraternal.
Enséñame a hablarte cada día con amor,
a escucharte en lo simple,
a descansar en tus brazos.Amén.
ora con
Dios como amigo
Dios también quiere ser tu compañero de camino.
El Amigo que no juzga, que te entiende incluso cuando fallas,
que ríe contigo y te sostiene cuando lloras.
No te alejes de Él por vergüenza.
Dios no se escandaliza de tu historia, la conoce y te ama igual.
Cuando sientas soledad, háblale.
Cuando sientas alegría, cuéntasela.
Cuando sientas miedo, confíale tu corazón.
“Ya no los llamo siervos, sino amigos.”
(Jn 15, 15)
Ejemplo :
Jesús,
hoy quiero hablarte como quien habla con su mejor amigo.
No quiero esconderte nada,
ni mis errores, ni mis pensamientos, ni mis sueños.
Sé que estás aquí, conmigo,
en cada respiración, en cada silencio.
Gracias por esperarme incluso cuando me alejo.
Gracias por escucharme aunque no siempre tenga palabras.
Quédate conmigo, Señor,
enséñame a vivir cada día de tu mano,
con la confianza de quien camina junto a su amigo fiel.
Amén.

Habla con Dios
desde tu corazón
La oración no siempre se dice con palabras.
A veces, se ora con lágrimas.
A veces, con gratitud silenciosa.
A veces, solo con el deseo de sentir a Dios cerca.
Hablar con Dios desde el corazón es permitirle entrar donde más te duele.
Dile lo que nunca te atreviste a decir.
Entrégale lo que te pesa.
Y cuando lo hagas, su paz te cubrirá como una brisa suave.
“Mi corazón te busca, mi alma tiene sed de Ti.”
(Sal 63, 1)

oración
Señor,
hay cosas que no sé cómo decirte,
heridas que no sé cómo explicar.
Pero Tú las conoces.
Te entrego mis miedos, mis pensamientos, mis silencios.
Entra donde no he dejado entrar a nadie.Transforma mis lágrimas en calma,
mis culpas en perdón,
y mi soledad en encuentro contigo.Amén.
Cómo sentir
Su presencia al orar
Silencia el mundo
1
Apaga el teléfono, respira profundo.
No puedes oír a Dios si el ruido te rodea.
3
Quédate un momento en silencio
Ahí, en ese instante de calma, Dios te responde con paz.
No siempre con palabras, pero siempre con presencia.
Invoca Su nombre
2
Di en voz baja: “Dios mío, te necesito. Ven y quédate conmigo.”
Siente que su presencia te envuelve, que no estás solo.
Habla sin miedo
Dile lo que sientes, aunque no tenga forma.
Él entiende incluso lo que no sabes expresar.
4
Habla con tu padre, Él te escucha.
Oración para
una conexión profunda
Padre,
en este momento detengo mi vida para escucharte.
No quiero seguir hablando sin sentirte,
ni seguir caminando sin Ti.
Lléname con tu amor.
Hazme sentir tu abrazo, tu voz, tu ternura.
Enséñame a reconocerte en mi día,
a verte en los demás,
a escucharte en la brisa, en el silencio, en mi corazón.
Quiero que mi vida sea una conversación constante contigo.
Amén.

Hablar con Dios no es una tarea, es un encuentro de amor.
Es recordar que no estás solo, que hay una voz divina que te llama cada día: “Ven, háblame.”
Él no te pide palabras, te pide presencia.
Cuando hablas con Él, aunque sea unos minutos,
tu alma se ordena, tu mente se aquieta,
y Su amor te llena.
Dios no está lejos.
Está justo donde decides abrirle tu corazón.

