Quiero sanar con Dios

Hay momentos en la vida en los que sentimos que algo dentro de nosotros se rompió.
A veces no sabemos cuándo ocurrió; solo sabemos que ya no somos los mismos. El dolor, la pérdida, la culpa o la ansiedad nos dejan cicatrices invisibles.
Intentamos llenar el vacío con ruido, apariencias, distracciones o personas… pero el alma no se sacia con nada de eso.
Porque el alma no necesita entretenimiento: necesita a su Creador.
Sanar con Dios no es olvidar lo que pasó, es permitir que Él entre en ese lugar roto y transforme la herida en amor, la culpa en perdón, el miedo en fe y la tristeza en paz.
Él no solo cura el cuerpo ni la mente, cura el corazón.
cómo empezar...
01
Reconoce tu herida
02
Cree que Dios puede restaurarte
03
Perdona, incluso cuando no te pidan perdón
No puedes sanar lo que niegas. Habla con Dios sobre lo que duele, sin filtros ni palabras perfectas. Él no busca oraciones bellas, busca honestidad.
“Para los hombres es imposible, pero no para Dios; porque todas las cosas son posibles para Dios.”
(Mc 10, 27)
El perdón no justifica lo que pasó, libera tu alma.
Jesús perdonó desde la cruz, mientras lo herían. Esa es la cima del amor.
04
Entrégale tu carga a Dios cada día
05
Permanece en silencio con Él
No tienes que cargar solo con el peso.
“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.”
(Mt 11, 28)
La sanación muchas veces llega en los momentos de quietud, cuando el corazón se detiene y solo escuchas Su voz suave que te dice:
“No temas, Yo estoy contigo.”
herramientas
para sanar con dios
Oración de desahogo
1
Habla con Él como un hijo que llora en el regazo de su Padre.
Lectura de salmos
2
Especialmente el 23, 34, 51 y 147, que hablan del consuelo y restauración.
acompañamiento
3
Busca grupos o personas que oren contigo y te acompañen en tu camino.
Dios también sana a través de otros corazones.
4
escritura espiritual
Escribe cartas a Dios, aunque no esperes respuesta inmediata; verás que Él sí responde, en su tiempo.
El silencio
El ruido apaga la voz divina. Tómate minutos al día para solo respirar, agradecer y sentir Su presencia.
5



“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo.”
(Sal 23, 4)
Oración
Señor,
Entro ante Ti con mi corazón cansado, con heridas que a veces no entiendo.
Te entrego mi dolor, mis recuerdos, mis culpas y mis miedos.
Cúbreme con Tu amor que no juzga, sino que abraza.
Restaura, Señor, cada parte rota de mi ser.
Enséñame que no estoy solo, que incluso en mi oscuridad, Tú estás ahí,
trabajando en silencio, moldeando mi alma.
Que cada lágrima que derrame se convierta en semilla de esperanza,
y que mi historia herida se vuelva testimonio de Tu poder sanador.
Amén.

Sanar con Dios es un proceso, no un milagro instantáneo.
A veces Él no quita el dolor de golpe, porque en el proceso te enseña quién eres y quién es Él.
La sociedad nos ha enseñado a esconder el dolor, pero Dios nos invita a mostrarlo para poder transformarlo.
No sanas cuando olvidas. Sanas cuando recuerdas, pero ya no duele, porque Dios está en medio de ese recuerdo.

